La diosa blanca

Yerbabuena baila mucho en esta obra. Una obra que es una celebración vital, de ahí la inclusión de estilos festeros, las mencionadas alegrías y los tangos donde también se perciben elementos de la cultura popular japonesa, del ritual nupcial. Porque la obra es solemne, no podía ser de otra manera tratándose de Japón, pero al mismo tiempo reposada, íntima, serena, con el ritmo de los ciclos vitales. Por eso me gustó mucho la falseta y los marcajes de las alegrías donde el frenesí habitual del baile de Yerbabuena se serenó hasta hacerse íntimo, naif, casi vegetal. Leer más